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EL COMUNICADOR JORGE CRUZ ANALIZA LA POLÍTICA EN LOS BARRIOS: “GANAR NO PUEDE SIGNIFICAR DESAPARECER CUATRO AÑOS”

Por Jorge Cruz

Durante el tiempo que llevo recorriendo comunidades, escuchando denuncias y conversando con la gente, hay algo que cada vez tengo más claro: tenemos que cambiar la manera en que hacemos política en nuestros barrios, pero también la manera en que nosotros, como ciudadanos, elegimos a quienes nos representan.

No escribo esto para atacar a un partido político ni para señalar a una persona en particular. Lo escribo porque es una realidad que podemos ver en muchos lugares.

Cuando llegan las elecciones aparecen candidatos por todas partes. Caminan el barrio, saludan, abrazan, visitan las casas, escuchan los problemas y hasta conocen por nombre a personas que posiblemente nunca habían visto.

Pero después ganan.

Y algunos desaparecen.

Pasan los meses. Pasa un año. Pasan dos, tres y hasta cuatro años. Entonces, cuando nuevamente se acercan las elecciones, resulta que recuerdan perfectamente dónde queda el barrio.

Para mí, ganar unas elecciones no puede significar desaparecer cuatro años y regresar solamente cuando necesitas nuevamente el voto de la gente.

HAY POLÍTICOS QUE VIVEN EN EL MISMO BARRIO Y VOLTEAN LA CARA

Hay algo que me preocupa todavía más.

Tenemos políticos que viven en las mismas comunidades que dicen representar.

Ellos ven las calles deterioradas porque también pasan por ellas.

Saben cuándo falta el agua potable.

Conocen los problemas con el servicio eléctrico.

Ven una cancha deteriorada, un parque abandonado, una calle oscura o una cañada que representa un peligro.

También saben cuándo la delincuencia está golpeando una comunidad.

Entonces yo me pregunto: ¿cómo es posible vivir en medio del problema, verlo todos los días y voltear la cara?

No podemos aparecer solamente cuando necesitamos a la gente.

Si usted decidió representar una comunidad, tiene que estar dispuesto a escucharla cuando hay elecciones y, sobre todo, cuando no las hay.

Porque resulta muy fácil llegar cuando faltan pocos meses para votar, organizar una actividad, llevar comida, repartir algunas ayudas y volver a decir que ahora sí vamos a resolver.

La verdadera representación se demuestra durante los cuatro años.

UN PICA POLLO Y 500 PESOS NO PUEDEN COSTARNOS CUATRO AÑOS

Pero también quiero hablarle a la gente.

Porque sería demasiado fácil escribir este artículo culpando únicamente a los políticos.

Nosotros también tenemos responsabilidad.

Tenemos que cambiar nuestra manera de ver el voto.

Yo entiendo perfectamente que hay familias con necesidades. Entiendo que 500 pesos pueden hacer falta. Entiendo que una comida puede resolver en determinado momento.

Lo que no podemos permitir es que nuestra necesidad sea utilizada para comprar nuestra decisión.

Porque un pica pollo y 500 pesos pueden resolver una noche, pero una mala elección puede significar cuatro años de abandono.

Piénsalo.

Los 500 pesos se terminan.

El pica pollo se termina.

Pero mañana todavía tienes que salir por la misma calle deteriorada.

Mañana necesitas agua en tu casa.

Mañana vuelve a irse la energía eléctrica.

Mañana necesitas que tus hijos tengan un parque o una cancha en condiciones.

Mañana vuelves a preocuparte cuando un familiar llega tarde por la inseguridad.

Entonces, ¿realmente podemos cambiar cuatro años de nuestro futuro por algo que dura unas horas?

Yo creo que no.

EL VOTO NO ES UN FAVOR QUE LE HACEMOS AL POLÍTICO

También debemos entender algo: cuando un funcionario resuelve un problema de la comunidad, no necesariamente nos está haciendo un favor. Está haciendo su trabajo.

Para eso fue elegido.

A veces hemos llegado a un punto donde agradecemos como un favor extraordinario cosas que forman parte de las responsabilidades del Estado.

Y creo que esa mentalidad también tiene que cambiar.

Un regidor debe estar pendiente de su comunidad.

Un diputado debe escuchar a la gente que representa.

Un alcalde tiene responsabilidades con sus munícipes.

Cada funcionario tiene competencias diferentes, claro está. No podemos exigirle a un regidor que haga el trabajo de un diputado ni pedirle a un diputado que asfalte directamente una calle.

Pero sí podemos exigirles algo a todos:

que escuchen, que gestionen y que den la cara.

Si el problema no corresponde a tu institución, toca la puerta de la institución que sí puede resolverlo.

Y si no pudiste resolverlo, vuelve donde la gente y explica qué pasó.

Eso también es representar.

LOS PROBLEMAS DEL BARRIO NO TERMINAN CUANDO TERMINAN LAS ELECCIONES

Quienes caminamos las comunidades sabemos que existen problemas que desde una oficina pueden parecer pequeños, pero para una familia son enormes.

Una calle deteriorada no es simplemente un hoyo.

Es el motorista que puede caerse.

Es el conductor que tiene que reparar su vehículo.

Es el estudiante que tiene dificultades para llegar a su escuela cuando llueve.

La falta de agua potable tampoco es simplemente abrir una llave y descubrir que no salió agua.

Significa una familia completa modificando su rutina.

Lo mismo sucede con la energía eléctrica.

Cuando existen problemas constantes con las EDE, no solamente se afecta una casa. También se afecta el colmado, el salón, el pequeño negocio y la persona que trabaja desde su hogar.

Por eso digo algo que para mí es fundamental:

los problemas del barrio no entran en pausa porque terminaron las elecciones.

Entonces el político tampoco debería poner en pausa su compromiso.

LA SEGURIDAD ME PREOCUPA PROFUNDAMENTE

Hay un tema que para mí merece una reflexión aparte: la seguridad ciudadana.

Cuando hablo con personas en las comunidades, escucho preocupación por la delincuencia.

La gente quiere sentirse segura caminando por su propio sector.

Quiere poder llegar a su casa de noche sin miedo.

Quiere que sus hijos puedan estar en determinados espacios sin sentir que en cualquier momento puede ocurrir algo.

Pero también existe otra realidad que debemos atrevernos a discutir.

Hay ciudadanos que sienten desconfianza e incluso temor frente a determinadas actuaciones de la propia Policía.

Y eso es grave.

No estoy diciendo que todos los policías sean malos. Sería irresponsable de mi parte hacerlo.

Tenemos miles de agentes que salen todos los días a realizar un trabajo difícil, arriesgan sus vidas y cumplen correctamente con su deber.

A esos policías hay que reconocerlos.

Pero también tenemos que escuchar al ciudadano que dice que siente miedo de denunciar, al que desconfía de determinados procedimientos o al que entiende que encontrarse con una patrulla puede convertirse en otro problema.

No podemos normalizar eso.

La gente no debería sentir un temor parecido hacia quien debe protegerla y hacia quien amenaza su seguridad.

Necesitamos una Policía fuerte frente a la delincuencia, pero cercana y respetuosa frente al ciudadano.

Necesitamos policías bien preparados, mejor capacitados y con condiciones dignas para realizar su trabajo.

Y también necesitamos consecuencias cuando un agente actúa incorrectamente.

La seguridad no puede construirse solamente con patrullas.

También se construye con confianza.

NOSOTROS TAMBIÉN TENEMOS QUE APRENDER A RECORDAR

Hay algo que como ciudadanos tenemos que comenzar a practicar más: la memoria política.

Cuando llegue nuevamente una campaña electoral, no podemos dejarnos llevar únicamente por una caravana, una bandera, una música o una actividad.

Tenemos que recordar.

¿Quién estuvo aquí cuando faltó el agua?

¿Quién apareció cuando nuestra calle necesitaba atención?

¿Quién escuchó cuando tuvimos un problema?

¿Quién gestionó?

¿Quién volvió después de ganar?

¿Quién rindió cuentas?

Y también:

¿Quién desapareció?

Porque muchas veces llega nuevamente la campaña y parece que se nos olvidaron los cuatro años anteriores.

Y ahí es donde cometemos nuevamente el mismo error.

TAMPOCO CREO QUE TODOS LOS POLÍTICOS SEAN IGUALES

Quiero dejar esto muy claro.

No todos los políticos son iguales.

También existen representantes que regresan.

Hay funcionarios que escuchan.

Hay políticos que gestionan y mantienen contacto con sus comunidades cuando todavía faltan años para las próximas elecciones.

Y creo que nosotros también tenemos la responsabilidad de reconocerlos.

Porque sería injusto tratar de la misma manera al político que estuvo presente durante cuatro años y al que apareció tres meses antes de las elecciones.

Si queremos mejores representantes, también tenemos que aprender a reconocer al que trabaja.

No importa el partido.

Las cosas buenas hay que reconocerlas y las cosas malas hay que señalarlas.

Esa debería ser nuestra madurez como sociedad.

YO QUIERO VER OTRA FORMA DE HACER POLÍTICA

Yo quiero ver una política donde el dirigente pueda caminar por su comunidad después de ganar con la misma tranquilidad con la que caminaba cuando buscaba el voto.

Quiero ver representantes que no necesiten esperar una campaña para sentarse con una junta de vecinos.

Quiero ver políticos que puedan reconocer públicamente cuando no lograron resolver algo.

Quiero ver comunidades que exijan resultados sin importar el color del partido.

Y quiero ver ciudadanos que comprendan que su voto vale muchísimo más que 500 pesos, una funda de comida o un pica pollo.

Porque cuando elegimos a alguien no estamos tomando una decisión para esa noche.

Estamos tomando una decisión que puede acompañarnos durante cuatro años.

GANAR NO PUEDE SIGNIFICAR DESAPARECER

Para mí, el voto no debería ser la despedida entre el político y su comunidad.

Debería ser el comienzo de su responsabilidad.

El día después de ganar debería comenzar la parte más importante.

Volver al barrio.

Escuchar.

Gestionar.

Dar seguimiento.

Rendir cuentas.

Y cuatro años después, cuando llegue nuevamente el momento de pedir el voto, que el político no tenga que presentarse otra vez.

Que la gente ya sepa quién es porque nunca se fue.

También nosotros debemos cambiar.

Debemos aprender a mirar más allá de lo que podemos recibir hoy y pensar en las consecuencias de nuestra decisión mañana.

La calle, el agua potable, la energía eléctrica, nuestros espacios públicos, la seguridad y el futuro de nuestros hijos valen demasiado como para negociarlos por una ayuda momentánea.

Por eso lo digo con absoluta claridad:

La gente no necesita políticos que recuerden dónde queda su barrio cada cuatro años. Necesita representantes que nunca olviden quién los puso donde están.

Jorge Cruz
Comunicador